Relativismo moral (crítica)

descargado de: http://www.filosofia.org/filomat/df471.htm

 

El relativismo moral se plantea en el supuesto en el cual el sistema de las normas morales de un grupo o de un pueblo sea distinto del sistema de las normas morales de otro grupo o de otro pueblo. Sin embargo, el concepto mismo de relativismo moral es ambiguo, por cuanto en él se encierran dos situaciones factuales totalmente distintas, desde el punto de vista de su formato lógico, por un lado, y dos perspectivas también diferentes en lo que concierne a la cuestión de la fundamentación de esos sistemas.

Situaciones factualmente diversas:

(A) La situación en la cual se constata, como cuestión de hecho, la diversidad de sistemas morales de diversas sociedades que suponemos mutuamente aisladas (o dadas en perspectiva «distributiva»).

(B) La situación en la cual la diversidad de esos sistemas morales aparece cuando son adscritos a sociedades que se suponen en contacto o proximidad de contacto o confrontación mutua (es decir, en perspectiva «atributiva»).

Modos diferentes de entender la cuestión de la fundamentación:

(a) El absolutismo moral, a priori, del sistema de la moral. Se supondrá que entre los diversos sistemas morales existentes debe ser posible una ordenación axiológica, de peor a mejor, en virtud de la cual sólo uno de los sistemas históricamente dados, o una selección entre ellos, haya de ser considerada como el único sistema moral de validez universal. Sin embargo, acaso las evidencias con las que suele ser presentado el absolutismo del sistema de las normas morales se deba a que se tiene la mirada puesta en la universalidad de las normas éticas que, obviamente, han de darse siempre envueltas por las normas morales de la sociedad de referencia. Pero la compatibilidad, al menos parcial, de dos o más sistemas de normas morales dados con el sistema de las normas éticas (o con una parte de esas normas) no autoriza a deducir la compatibilidad de esos sistemas de normas morales entre sí.

(b) El relativismo moral, que postula la equivalencia moral de los diversos sistemas morales constatados, al negar la posibilidad de declarar válidos o inválidos, en función de una tabla absoluta de valores universales, a determinados sistemas morales. Por ejemplo, las normas morales de un grupo V que existe en el seno de un Estado E pueden dirigirle al ejercicio de una política de violencia y de terrorismo. El relativismo moral propugnará que el sistema de las normas de V es tan válido (para V) como el sistema de las normas represivas de E lo es para E (tanto si éstas envuelven violencia terrorista como si no envuelven un «terrorismo de Estado»).

En la situación (A) el relativismo moral puede declarar equivalentes moralmente a los diversos sistemas de normas morales, pues aquí relativismo moral equivale a un formalismo funcionalista de los sistemas morales, apreciados por su forma funcional y no por su materia. Pero en la situación (B) los postulados del relativismo se oscurecen. Ya no será posible, en virtud de la materia, mantener la tesis de la equivalencia moral de los sistemas morales enfrentados, puesto que ahora entran en liza los contenidos, la materia normalizada por esos sistemas morales. Si el grupo V de nuestro ejemplo anterior, al enfrentarse con E, manteniendo sus normas morales, llega a ser aplastado, habrá que concluir, en contra de todo relativismo, que las normas morales de E son superiores a las de V; su impotencia objetiva (siempre correlativa a la potencia de E) demostraría el carácter utópico (por tanto, contradictorio) de su sistema de normas morales (políticas), por tanto, su incapacidad para cumplir sus propios objetivos. Pero si, a su vez, las normas morales de E le condujesen a un estado tal en el cual V lograse sus objetivos, entonces el sistema moral de V demostraría ser superior al de E. Hay que considerar, por tanto, que el único fundamento de los sistemas morales, en situación distributiva, reside en su capacidad funcional (en su cooperación a la fuerza de cohesión del grupo) y que el único fundamento de los sistemas morales en situación de confrontación reside en su superior potencia, en su fuerza. Pero esta conclusión no significa que, por tanto «estamos reduciendo la moral a la ley del más fuerte». Puede siempre añadirse que el más fuerte lo es porque, entre otras cosas, tiene un sistema de normas morales que le permite serlo, es decir, porque reducimos la ley del más fuerte al sistema de las normas morales, materialmente entendidas, y no al revés.

CONCEPTO DE ESCEPTICISMO Y DE RELATIVISMO ETICO. ESPECIES

Por: Dr. Camilo Tale (http://www.filosofiayderecho.com/rtfd/numero5/moral.htm)

 

el relativismo se define como la concepción que, sin negar la posibilidad de alcanzar verdades, admite para éstas tan sólo una validez limitada a una época, a un pueblo o a una civilización dada, o aun al ámbito exclusivo del individuo que la sienta como tal. Esta actitud gnoseológica también data de la Antigüedad griega. En el siglo V a.C. Protágoras, el príncipe de los sofistas, en su enseñanza oral y en algunos de sus libros per­didos, afirmó las ideas siguientes:

                  

            "Sobre cualquier tema se pueden mantener con igual valor dos tesis contrarias entre sí" (3);

 

                        "Justo e injusto es para cada comunidad (pólis) aquello que ella tiene por tal y que, por razón de ello, eleva a ley" (4);

 

                        "Porque las cosas que les parecen justas y bellas a cada pólis, lo son también para ella, mientras las crea tales"(5)

 

         Según nos refiere Platón, Protágoras también decía que

 

                   "el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son, y de las que no son, en cuanto no son" (6),

 

y con esto significaba que "lo que me parece a mí cual­quier cosa, tal es ella para mí, y tal como te parece a ti, tal es para ti". Protágo  ras asimilaba los juicios humanos referidos a lo bueno y a lo malo, a lo justo y a lo injusto, a los enunciados que los hombres hacen en materia de sabores y de sensaciones térmicas: Soplando el mismo viento, uno de nosotros siente frío y el otro no; uno, apenas siente un poco, y el otro mucho. No es exacto decir que este viento es por sí mismo frío o que no es frío; lo correcto es decir que es frío para quien tiene escalofríos, y que para quien no tiembla, no es frío (7). Análogamente, al enfermo le parece y resulta amargo cierto manjar, mientras que al sano le sucede todo lo contrario. Ahora bien, a ninguno de los dos debe tenerse por más sabio que al otro (8).

         Protágoras decía que, de la misma manera, cuando un hombre afirma "esto es justo", tan sólo expresa una sensación de agrado, y cuando dice "tal cosa es injusta", no hace otra cosa que manifestar una sensación de desagrado.

         De tal modo, frente a la mayoría de los filósofos helenos, que reconocían que existen como realidades objetivas lo éticamente valioso y lo éticamente disvalioso, y que tales cosas son objeto de ciencia (epistéme), Protágoras negó la objetividad de estos y de todos los conocimientos humanos, con la única excepción, probablemente, del saber matemático.

         En la centuria pasada, Georg Hegel sustentó un relativismo de tipo historicista:

 

                        "En lo que respecta al individuo, cada uno es hijo de su tiempo; de la misma manera, la filosofía es su tiempo aprehendido en pensamientos. Es tan insensato (töricht) creer que una filosofía puede ir más allá de su tiempo presente, como creer que un individuo pueda saltar fuera de su tiempo" (9).

 

         En el siglo presente, Oswald Spengler ha sido uno ha sido uno de los representantes más conspicuos del "relativismo cultural". En su conocida Decadencia de Occidente, se lee:

 

                        "No hay verdades eternas. Toda filosofía es expresión de su tiempo y sólo de él" (10). 

 

                        "Frente a problemas  tan difíciles como el del tiempo o el del matrimonio, no basta consultar la experiencia personal, la razón, la  opinión de los antecesores o de los contemporáneos. Por este camino se llegará, sin duda, a conocer lo que  es verdadero para uno mismo o para la época en que uno vive. Pero esto no es todo (...) a distintos hombres, distintas verdades. Y para el pensador todas son válidas o no lo es ninguna" (11).

 

                        "Se derrumba la pretensión del pensamiento, que se jacta de descubrir verdades universales y eternas. No hay verdades sino con relación a un determinado tipo de hombres. Mi filosofía es ella misma expresión y reflejo del alma occidental (a diferencia, por ej., de la antigua y de la india); y lo es sólo en su actual estadio de civilización" (12).

        

         El destacado sociólogo y antropólogo Edward Westermarck (18621939) sostuvo que no hay verdades morales universales, y que en consecuencia no puede haber una ciencia etica normativa, de modo que lo moral ha de estudiarse sólo dentro de la psicología o la sociología (13). También han expresado el relativismo moral otros varios antropólogos, como Bronislaw Malinowski (18841942) y Melville Herskovits, uno de los más ardientes defensores de esta idea (14).

         En el pensamiento económico contemporáneo, los dos representantes más afamados de la escuela liberal, Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek han hecho profesión expresa de relativismo ético (15). De tal modo impugnaron la posibilidad de estimar los precios como justos o injustos, y también los salarios, y en general, la posibilidad de valorar como justo o como injusto el contenido de las relaciones económicas; asimismo rechazaron toda posibilidad de una política económica que orientara de algún modo la economía en función de las necesidades del hombre, porque estimaron que no existe un concepto objetivo de "necesidad humana", sino que todo se reduce a los deseos, variables de individuo a individuo (16).

         En diversos documentos de la UNESCO se sustenta también el relativismo ético. Así, en el conocido libro "Aprender a ser", de Edgard Faure y colaboradores, se dice que la educación debe conducir al hombre de modo que "ninguna creencia, convicción, ideología, visión del mundo, hábitos y costumbres, sea erigida por nadie en modelo o regla válida para todos los tiempos, todos los tipos de civilización y todas las formas de existencia" (17).

         El movimiento de la "nueva derecha" francesa, representada por Alain Benoist y Guillaume Faye profesan que la unidad del género humano es sólo biológica, y que por ende no hay normas ni ideales que deban ser comunes para todos los seres humanos. En un artículo de estos autores, publicado en la revista Éleménts, órgano del referido movimiento cultural, leemos: "El hombre universal no existe. Existe sí una unidad zoológica que es la especie humana. pero nosotros pensamos que el hombre no se puede definir esencialmente por sus característi cas biológicas (...) El hombre es un ser cultural. Y en el aspecto cultural no hay paradigma común a toda la humanidad" (18).

 

         Doctrinas próximas. La mentalidad relativista y escéptica suele llevar al nihilismo ético, idea según la cual el bien y los valores directamente no existen, y todo está permitido. Aquellas concepciones también pueden derivar en el convencionalismo ético: dado que no es posible conocer ninguna verdad en esta materia, el bien y lo justo resultan puramente de los acuerdos que se hagan al respecto en la sociedad. Asimismo, a partir del escepticismo y relativismo axiológicos puede pasarse al pragmatismo como doctrina acerca del valor de la verdad, en la cual lo bueno y lo justo vienen a ser sólo lo que resulta útil, sea al individuo, sea al grupo social.

 

         El "relativismo de la especie humana". Además del relativismo subjetivista y del relativismo cultural o historicista, ya expuestos, hay otra especie, según el cual la verdad está determinada por la estructura mental del cognoscente, pero no se trata ya de la estructura singular de cada individuo, sino de la estructura que posee la especie humana en general. De tal modo es posible una concepción relativista sobre la verdad, compatible con la plena coincidencia de toda la humanidad en las proposiciones que se admiten como evidentes. Tal conformidad de acuerdo con esta doctrina no obedece a que aquéllas sean verdaderas, sino al hecho de que todos los hombres tienen una misma estructura mental, por la cual se les manifies­tan como evidentes las mismas cosas. Esta tesis sostuvo el matemático y filósofo francés Renato Descartes, quien profesó un relativismo gnoseológico tan amplio que llegó a abrazar hasta la matemática y la lógica: la unanimidad con que se admiten las proposiciones de estas disciplinas no importa que ellas expresen verdades objetivas, sino que la unanimidad se explica porque todos los seres humanos fueron creados con la misma estructura (19).

         Es muy notable que haya sido no sólo un importante filósofo, sino además un genio matemático, quien relativizara de tal manera, y por ello mismo desvalorizara la objetividad del saber matemático.

         También en la filosofía de Immanuel Kant, se afirma un subjetivismo que afecta al conocimiento matemático y al saber sobre el mundo físico, que son los únicos conocimientos ciertos que puede tener al hombre, de acuerdo con las conclusiones de la Crítica de la razón pura del mencionado filósofo alemán. Según Kant, no tenemos ninguna garantía de que nuestro saber sobre el cosmos corresponda con la realidad, pues lo conocemos tal como resulta organizado por las formas propias de nuestro intelecto y con las intuiciones propias de nuestra sensibiidad. Un espíritu diferentemente constituido conocería de otro modo que el nuestro.

         En este relativismo "de la especie humana" no se trata de la afirmación de que otros seres inteligentes podrían conocer mejor que nosotros las mismas cosas, lo cual es admisible, sino que se sostiene que otros seres inteigentes diversamente constituídos conocerían verdades contrarias a nuestras verdades.

LOS PELIGROS DE LA DOBLE MORAL

 por: Hugo Estrella Tampieri (http://www.asociacionhumanista.com.ar/doblemoral.html)

 

 

Todos los seres humanos tenemos, a partir de nuestra libertad de elección y de los valores a los que adherimos, una determinada visión del Mundo, de lo Bueno y de lo Malo. Desarrollamos así, un poderoso guía interior, implacable, que se llama habitualmente conciencia, y al que resulta difícil evadir a la hora de juzgarnos a nosotros mismos.

 

Otras maneras de elegir por bueno o malo están referidas a doctrinas filosóficas o religiosas, que fundamentan los campos relativos de la ación en las enseñanzas o “Revelaciones” de cada uno de sus maestros o dioses. Podemos pasar milenios debatiendo sobre la certeza de tales enseñanzas; sobre el valor del totem, dios o jerarca de cada culto, pero lo que terminamos admitiendo, como última certeza, es que lo único real y serio a la hora de decidir sobre las condiciones morales de nuestros actos, es la mentada conciencia. Y este es el fundamento de la ley estatal. No penamos, en las naciones civilizadas, lo que alguna doctrina religiosa considera una violación a sus códigos; no aplicamos una ley revelada a algún pobre pastorcito en dudosas conversaciones con seres luminosos del desierto o a algún locutor de cuarta luego de su “regreso de la muerte”. El Estado moderno condena lo que la ley positiva establece como crimen, lo que daña a otros, lo que hace un mal a las personas que nos rodean.

 

Sin embargo, algunas sociedades conservan todavía temores reverenciales a sus construcciones ideales de otros tiempos, o por lo menos sucumben a la hipocresía de quienes invocan para sí el patrimonio de las más prestigiosas normas morales, de convivencia, y el patrimonio de lo que los Constructores de la Sociedad deben ser y hacer de ella. Y a cambio reciben la tajada del león del presupuesto provincial de Educación, en la cómoda figura de subsidios o aportes para un negocio de proporciones, pero además se apoyan en la pusilanimidad de los gobernantes para imponer en las escuelas que se hallan fuera de su órbita (esas que se parten, que no tienen gabinetes de materias complementarias y que padecen todas las carencias del sistema) sus propias convicciones, su moral, sus respetables pero particulares creencias.

 

Tremendo poder debe, sin ninguna duda, estar fundado y respaldado en una alta carga de ejemplo de virtud cívica, lo mínimo que se le exige a cualquier representante político. Porque esa moral que se predica, también se exige: fue “inducida” a renunciar una docente de una escuela religiosa –financiada por el Estado- que osó tener un hijo siendo soltera; o “completó su cupo de faltas admisibles” una alumna de una escuela religiosa cuya verdadera “falta” fue amar con consecuencias. Situaciones sancionadas moral y materialmente por los hombres de fe, de manera que condiciona gravemente la vida futura de las afectadas. No se condenan igual los deslices de los poderosos. A cambio se reciben más de 1.300.000 dólares del Estado para Cáritas, quien los distribuye con su particular sentido de la caridad, lejos por supuesto del Tribunal de Cuentas elegido por el Pueblo, que reúne esos fondos con sus impuestos.

 

Esta situación lleva a que oficialmente se ignoren o silencien hechos que ponen en tela de juicio la estatura moral de los guardianes de los valores: se tapó la situación del Obispado de Venado Tuerto, con su mesa de dinero fraudulenta; el manto del olvido ha cubierto la relación de Yabrán con la curia; la “hija” de Manubens Calvet inventada por algún cura travieso esta presa lejos de aquí; el testamento dudoso atribuido a la viejita y que perjudica a las escuelas públicas no fue desenmascarado en tiempo y forma por la Justicia (¿será la Justicia de Dios?); el asesinado Padre Mario resultó muerto en riña con los taxi-boys que había levantado en su coche y no por los esbirros de Satán; y no sigamos.

 

Pero el escándalo es muy grave cuando en uno de los programas televisivos más vistos de Córdoba, conducido por un periodista conocido por sus convicciones religiosas, aparece el cura de Berrotarán en plena actividad dirigida a la corrupción de menores. Cura que sería además directivo de una escuela religiosa de esa localidad, pagada con dinero del Estado, adonde pueden ir sus hijos o los de cualquiera, a recibir lecciones de moral y urbanidad impartidas por esta clase de personas, o los profesores por ellos designados según su gusto, sin ningún tipo de control ni calificación de méritos docentes, pero pagados por el Pueblo.

 

Acerca de relativismomoral

la conciencia es la que determina nuestra cotidianidad

Archivo

Suscríbete

RSS | Atom

Contacto

Contactar

Albergado en:blogdiario.com

Noticias: Noticias

Contador gratis contadorplus.com